
Cientos de médicos rebeldes en prisión no pueden salvar vidas tras el devastador terremoto de Birmania
2025-03-31
Autor: Carlos
El cirujano Win Soe fue arrestado mientras realizaba una operación en una clínica privada de Mandalay, la segunda ciudad más grande de Birmania. El 25 de diciembre de 2021, cinco oficiales militares vestidos de civil interrumpieron bruscamente el procedimiento, encarcelando al médico, quien había participado en las masivas protestas lideradas por profesionales de la salud en contra del régimen militar. Su hermana, Aung, también médico y ahora refugiada en Tailandia, revela que Win ha estado en aislamiento durante un año y exige su liberación para ayudar a los heridos tras el destructivo terremoto que ha dejado más de 1.700 muertos oficialmente.
Mandalay ha sufrido gravemente a causa de este seísmo, con hospitales colapsados y escasez de recursos. Una enfermera local relató: "Nos faltan muchas manos, medicamentos y agua", resaltando la urgencia de abrir clínicas privadas cerradas tras las redadas durante las protestas. Testimonios indican que miles de personas aún permanecen atrapadas entre los escombros de edificios destruidos en la catástrofe.
Desde el golpe de Estado el 1 de febrero de 2021, el personal sanitario ha liderado protestas, rechazando trabajar bajo el régimen militar. Este movimiento, conocido como la revolución de las batas blancas, ha visto a decenas de miles de médicos abandonar sus puestos en hospitales públicos, en un acto de lealtad hacia el Gobierno de unidad nacional, oposición en el exilio. Sin embargo, muchos han enfrentado arrestos, torturas e incluso asesinatos durante su encarcelamiento. Actualmente, se estima que alrededor de 900 trabajadores de la salud han sido detenidos a raíz de la represión militar.
Además de los médicos encarcelados, numerosos profesionales de la salud han huido del país para escapar de la persecución. Aung, la hermana del Dr. Win, se encuentra en la ciudad fronteriza de Mae Sot y se lamenta de no poder regresar para ayudar a los heridos, ya que la zona del terremoto está controlada por el ejército.
Mientras tanto, la necesidad de más equipos de rescate es crítica. A pesar de la llegada de ayuda internacional desde países como China, Rusia y Malasia, las operaciones de salvamento enfrentan dificultades debido a los ataques aéreos del ejército en áreas controladas por milicias rebeldes y a la destrucción de las carreteras principales que conectan las ciudades clave. La Oficina de las Naciones Unidas ha señalado la grave escasez de suministros médicos necesarios para atender a millones de personas en las zonas afectadas, resaltando la preocupación por la seguridad y bienestar de la población.
Hoy marca el cuarto día de búsqueda de sobrevivientes. Grupos prodemocráticos denuncian que la Junta Militar prioriza el despliegue de ayuda en Naypyitaw en lugar de enviarla rápidamente a Mandalay y áreas adyacentes. Además, miles de habitantes continúan durmiendo en las calles, temerosos de nuevas réplicas sísmicas, y enfrentan la inestabilidad de las redes de comunicación y servicios de electricidad. Con temperaturas que alcanzan los 41 grados, los equipos de rescate locales trabajan arduamente para despejar escombros con sus propias manos y palas, enfrentándose a un caluroso y desgastante entorno.