
María Cerdán, neuróloga: “El primer efecto para un adulto mayor enganchado a las pantallas es el declive cognitivo”
2025-03-25
Autor: Antonio
El uso descontrolado de la tecnología afecta nuestra salud mental y la adicción a las pantallas se ha vuelto un problema creciente. Si bien su impacto es ampliamente discutido entre los jóvenes, ¿qué hay de los adultos mayores, quienes también son vulnerables a lo que se ha denominado la ‘nueva droga del siglo XXI’? La neuróloga del hospital Santa Lucía de Cartagena, María Cerdán, subraya que en un ‘menor o mayor grado’, todos estamos enganchados a las Tecnologías de la Relación, la Información y la Comunicación (TRIC).
Los efectos de esta adicción han comenzado a hacerse eco en múltiples sectores de la población. Cerdán destaca el llamado síndrome de la vida ocupada y problemas relacionados como el FOMO (miedo a perderse algo) y el JOMO (alegría de perderse cosas). En un mundo donde cada vez más adultos mayores están expuestos a la tecnología, los datos son alarmantes. Según un análisis de Electro IQ, “más del 40% de los adultos se sienten ansiosos si la batería de su smartphone está baja”. Esto pone en relieve que el fenómeno no es exclusivo de los jóvenes, sino que también afecta a las personas mayores, que están experimentando un aumento en el uso de tecnología.
La adicción a la tecnología, definida como un apego disfuncional a una experiencia que perjudica al individuo, puede ser incluso más perjudicial para los mayores. Constituye un desafío crucial ya que el cerebro de los ancianos es más susceptible a la atrofia debido al envejecimiento. Mientras que en individuos jóvenes, el tiempo de uso puede ser un factor determinante, en adultos mayores toma especial relevancia el tipo de contenido y su efecto en la salud mental y social.
María Cerdán señala que un indicador evidente de adicción es la falta de control. Si priorizamos el uso de la tecnología sobre otros intereses vitales y actividades diarias, podemos estar frente a un problema. ¿Cómo podemos identificar si estamos enganchados? La especialista menciona situaciones cotidianas como sentir ansiedad al olvidar el teléfono, consultar el móvil por compulsión o descuidar interacciones cara a cara. Las adicciones, aunque más prevalentes en jóvenes, no respetan edad, y todos podemos vernos atrapados en esta trampa digital.
Más preocupante aún, Cerdán explica que el declive cognitivo es una de las consecuencias más serias para los adultos mayores que abusan de las pantallas. Disminuir sus interacciones sociales puede reducir las conexiones neuronales y generar soledad, un factor que a su vez puede tener repercusiones negativas en la salud física y mental. La teoría de “Úsalo o piérdelo” se aplica aquí: las neuronas que no se utilizan son eliminadas, llevando a un deterioro cognitivo. Es alarmante que muchos pacientes mayores se presenten en consulta por sospechas de demencia, cuando sus problemas podrían ser simplemente déficits de atención relacionados con el uso excesivo de la tecnología.
Además, la búsqueda de gratificación inmediata a través de estas plataformas provoca impulsividad y menor autocontrol, lo que puede agravar la situación en individuos mayores con menos reserva cognitiva. Por si fuera poco, el uso excesivo de tecnología también afecta la calidad del sueño, una preocupación significativa para la salud de los adultos mayores.
Sin duda, la pandemia exacerbó el uso de la tecnología entre todas las edades, pero la tendencia persiste. Cerdán enfatiza que, aunque la tecnología ofrece ventajas como facilitar operaciones bancarias y acceder a información, es esencial que los adultos mayores usen estos medios con moderación y manteniendo interacciones en persona y actividad física. Ellos están más expuestos a la soledad, y el aislamiento social es un riesgo que no se puede pasar por alto: “La calle es salud”, afirma.
En términos de prevención, Cerdán aconseja establecer límites claros: evaluar qué impulsa el uso excesivo de la tecnología y crear rutinas saludables sin dispositivos. La educación en este contexto es crucial; no solo los jóvenes, sino también sus padres y abuelos, deben tomar conciencia de lo que implica pasar largas horas frente a las pantallas. La clave está en fomentar una vida equilibrada, donde la tecnología haga nuestras vidas más sencillas sin que se convierta en nuestra única realidad.