
¡Cuidado! Más de 200 millones de ordenadores podrían terminar en la basura, y las organizaciones benéficas están desesperadas
2025-03-16
Autor: Laura
La situación que rodea a Windows 10 en este año es alarmante. Microsoft ha decidido avanzar sin mirar atrás, dejando atrás a más de 240 millones de ordenadores que no podrán actualizarse. A partir de octubre, estos dispositivos dejarán de recibir actualizaciones de seguridad, convirtiéndose en inservibles y, lamentablemente, en un lastre para quienes los poseen.
Los desafíos para las organizaciones benéficas
Avram Piltch, destacado autor de Tom’s Hardware, compartió su preocupante experiencia con una organización benéfica que se dedica a facilitar ordenadores a personas que no pueden permitirse comprarlos. Esta situación plantea un dilema serio: mientras que muchos usuarios podrían ver sus portátiles obsoletos sin poder actualizar a Windows 11, las organizaciones benéficas que gestionan miles de equipos enfrentarán un reto monumental.
Desde octubre, el soporte para Windows 10 finalizará, lo que generará solo unas pocas soluciones viables. Los usuarios pueden optar por pagar un soporte extendido, aunque esto es insostenible para muchas organizaciones sin ánimo de lucro. La mayoría de estas entidades carecen de los recursos financieros necesarios y son conscientes de que esos equipos tienen una vida útil limitada.
Alternativas en discusión
Las organizaciones benéficas han identificado que la mayoría de sus usuarios son estudiantes y personas mayores, quienes requieren dispositivos con los que estén familiarizados, como Windows. Por lo tanto, cambiar a un sistema operativo como Linux no parece ser una opción práctica. Aunque algunos han considerado esta ruta, la realidad es que enfrentarse a Linux puede resultar abrumador para personas que nunca lo han utilizado.
Sin embargo, algunas organizaciones, como PCs for People, han empezado a distribuir ordenadores con Linux Mint, una versión que consideran accesible y similar a Windows. Con el soporte garantizado hasta 2029, esta puede ser una opción viable para introducir a los usuarios a esta nueva plataforma, aunque no es la solución ideal debido a la falta de familiaridad y la limitada disponibilidad de ciertos programas.
La estrategia parece ser clara: las organizaciones planean distribuir equipos de sexta y séptima generación con Linux Mint instalado, mientras que aquellos que se entreguen con Windows deberán ser, al menos, de la octava generación para garantizar compatibilidad con Windows 11. La alternativa de proporcionar dispositivos con Windows 10 se considera inaceptable, ya que estos quedarán expuestos a riesgos de seguridad en poco tiempo.
La dura realidad
A pesar de los esfuerzos por actualizar y adaptar los equipos, se estima que en octubre miles de ordenadores quedarán desechados. Esto resultará en una crisis de residuos tecnológicos, con cientos de dispositivos que podrían haber tenido una segunda oportunidad. La situación es crítica y pone de manifiesto la necesidad de buscar soluciones sostenibles y efectivas para evitar que estos dispositivos se conviertan en mera chatarra. Además, la creciente problemática de la obsolescencia programada de la tecnología destaca la urgencia de un debate más amplio sobre la durabilidad y sostenibilidad de nuestras herramientas digitales.