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Las grietas de la defensa europea: ¿Puede Europa realmente disuadir a Rusia?

2025-03-16

Autor: Marta

La guerra de Rusia en Ucrania ha generado una ola de incertidumbre en Europa sobre la capacidad de defensa del continente frente a las antiguas amenazas del Kremlin. La llegada de Donald Trump al poder anteriormente había socavado la confianza de Europa en el apoyo militar estadounidense, impulsando la necesidad de un enfoque más autónomo en cuestiones de defensa.

En 2023, los miembros europeos de la OTAN realizaron una inversión significativa, con un gasto conjunto que alcanzó los 375.000 millones de dólares, cifra que supera a las inversiones militares de Rusia y triplica a las de su vecino más cercano, China. Pese a esto, Europa se enfrenta a una serie de desafíos estructurales que limitan su capacidad disuasoria frente a la agresión rusa, haciendo que la dependencia de Estados Unidos siga siendo un tema candente.

Uno de los problemas más evidentes es la fragmentación de los ejércitos europeos, que opera en un mosaico de sistemas militares dispares, lo que crea ineficiencias serias y dificultades en la interoperabilidad. Actualmente, Europa tiene una impresionante variedad de equipos, como 12 tipos de carros de combate y 16 de vehículos de combate de infantería entre sus 27 países miembros. En comparación, Estados Unidos opera unidades más estandarizadas. Esto ha resultado en incapacidad para coordinar operaciones conjuntas efectivas, lo que pone en riesgo la cohesión necesaria en tiempos de conflicto.

La industria militar europea se ha visto debilitada debido a años de recortes en defensa posteriores a la Guerra Fría, limitando así su producción y capacidad de respuesta. Además, la ineficacia en la logística y el mantenimiento se traduce en una notable falta de preparación operativa. La situación se complica aún más por la carrera armamentista que Rusia ha impulsado, que aunque nominalmente inferior, puede ser competitiva debido a su estructura centralizada y arsenal nuclear.

En el ámbito del reclutamiento, Europa se enfrenta a una crisis de personal. Con cerca de dos millones de militares, la cantidad puede parecer adecuada, pero la realidad es preocupante. Muchos ejércitos europeos sufren de escasez de personal calificado y dificultades para retener soldados en servicio activo. Esto coincide con la creciente percepción de que el servicio militar suele ser poco atractivo para los jóvenes, lo que limita las opciones para incrementar la fuerza operacional.

Expertos han sugerido que para fortalecer la defensa europea, es crucial mejorar la coordinación entre la UE y la OTAN, y establecer un sistema de mando y control que permita a Europa actuar de manera más independiente. Aunque hay un enorme interés político por avanzar en este sentido, la creación de estructuras militares autónomas enfrenta numerosas barreras, incluyendo la desconfianza y la dependencia histórica de EE.UU.

Recientemente, varios países han comenzado a reevaluar sus políticas de defensa como respuesta a la amenaza rusa. Por ejemplo, Letonia ha reintroducido el servicio militar obligatorio, planeando extenderlo a mujeres en un futuro cercano, y Polonia busca aumentar significativamente su tamaño militar. Sin embargo, la creación de un gran ejército europeo unificado sigue siendo una utopía, dado el escepticismo sobre su coordinación y financiación.

Por otro lado, la falta de capacidades logísticas otorga a Europa un gran desafío. La infraestructura no integrada y las limitaciones en transporte están obstaculizando la movilidad militar, lo que podría aumentar significativamente el tiempo de respuesta ante una agresión directa.

Ante el preocupante panorama de la defensa europea, se está debatiendo la necesidad de establecer un pilar nuclear europeo, especialmente tras las recientes declaraciones de Alemania sobre compartir el paraguas nuclear de Francia. Pero esta aspiración se complica por el estatus de soberanía nacional y la falta de consenso entre los estados miembros.

Ineludiblemente, la seguridad de Europa depende de una respuesta colectiva. La guerra en Ucrania ha servido como un llamado a la acción, y es el momento oportuno para que los países europeos refuercen su unidad y fortalezcan su defensa, no solo a nivel militar, sino también en la cooperación política y económica. Si logran transformar sus retos en oportunidades de colaboración, quizás puedan finalmente encontrar el camino hacia una defensa europea eficaz y autónoma. ¿Está Europa lista para esta transformación crucial?