Salud

Los periodos críticos del cerebro y cómo favorecer un neurodesarrollo óptimo

2025-03-31

Autor: María

El viaje del aprendizaje humano comienza increíblemente temprano, incluso antes de que un bebé vea la luz del mundo. En el vientre materno, nuestro cerebro ya empieza a formar la corteza auditiva, preparándose para escuchar y procesar sonidos. Sin embargo, es durante la adolescencia tardía cuando culmina el desarrollo de nuestro cerebro social, un proceso donde el aprendizaje se convierte en un viaje intensivo y fundamental, especialmente en los primeros años de vida.

Los momentos de mayor plasticidad cerebral, conocidos como periodos críticos, son esencialmente puertas abiertas hacia una aprendizaje enriquecer. Estas ventanas se abren durante la infancia y la adolescencia, permitiéndonos absorber habilidades sensoriales como la vista y la audición, habilidades motoras como caminar y montar bicicleta, y habilidades sociales como el aprendizaje del lenguaje.

Lamentablemente, durante estos períodos tan vitales, también existe el riesgo de que ciertos factores interfieran en el desarrollo. Estos factores pueden ser de dos tipos: biológicos, como la exposición a toxinas o la desnutrición, y psicosociales, como el maltrato o la violencia. Esta adversidad puede desviar el entorno ideal necesario para un neurodesarrollo saludable, provocando que no se adquieran nuevas habilidades y, en los peores casos, llevando a trastornos mentales en la vida adulta.

El impacto de estas adversidades no es uniforme; depende de tres características clave: 1. **El momento:** Una adversidad es particularmente dañina si ocurre durante un periodo crítico. 2. **La intensidad:** No es lo mismo una infección ligera que una enfermedad que cause daños severos. 3. **Duración y frecuencia:** Vivir en un entorno violento afecta más profundamente que presenciar un único evento violento.

Diferenciar entre estrés y adversidad es crucial; el estrés es una reacción adaptativa ante situaciones difíciles, mientras que la adversidad puede ser un factor social o de salud que complica el aprendizaje. Por ejemplo, la exposición crónica a violencia familiar genera un fuerte estrés y adversidad que obstaculizan el desarrollo. Anticipar las implicaciones de estas situaciones es vital para el bienestar infantil.

Otro aspecto preocupante para la salud pública es el uso excesivo de pantallas en los niños. Aunque los dispositivos digitales ofrecen oportunidades educativas, su abuso ha demostrado llevar a un peor rendimiento académico y afectar negativamente el desarrollo del lenguaje al disminuir la calidad de las interacciones. Sorprendentemente, el tiempo frente a pantallas puede sustituir momentos cruciales de aprendizaje social y emocional.

Para contrarrestar estos efectos adversos, los adultos deben establecer límites claros y proponer alternativas enriquecedoras. Fomentar un entorno seguro y estimulante es fundamental. Cada niño necesita un espacio donde se sienta seguro y pueda explorar y aprender sin miedos ni interrupciones.

Además, se ha comprobado que videojuegos, si se utilizan con moderación y de manera educativa, pueden ser potentes aliados para mantener la atención y prolongar los periodos críticos de plasticidad cerebral. La clave es equilibrar la estimulación digital con interacciones humanas significativas.

En conclusión, la protección del neurodesarrollo infantil pasa por crear entornos que fomenten la salud mental y el aprendizaje óptimo. Con el enfoque adecuado, podemos guiar a las nuevas generaciones hacia un futuro brillante.